Relatos que no deberías leer de noche (ni con linterna)
No mires la pizarra
Todo empezó cuando el aire cambió. Sentí —y escuché— cómo alguien se sentaba en la silla del profe. Justo delante de mí. Pero no había nadie. Luego, la tiza se movió sola…Y lo que vino después no lo creerías