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Escribir una novela con tu hija de 12 años: lo bueno, lo raro y lo inolvidable

    seprator
    03julio 2025
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    Escribir una novela con tu hija de 12 años: lo bueno, lo raro y lo inolvidable

    No lo planeé.
    Ni siquiera estaba en mi lista de cosas que quería hacer como escritor.
    Pero mi hija —como casi todo lo que de verdad importa— no me dio opción.

    Ella me puso El joven Poe de Cuca Canals delante de las narices, me habló de asesinatos, de niños raros, de misterios en el colegio… y lo hizo con un brillo en los ojos que no vi venir.
    Ahí empezó todo.

    Lo bueno: cuando escribir deja de ser solitario

    Llevo años escribiendo.
    Primero en libretas arrugadas, luego en proyectos digitales, después en novelas que se han hecho realidad en Amazon.
    Pero siempre solo.

    Hasta ahora.

    Escribir La joven Poética con mi hija ha sido como abrir una puerta a un universo paralelo: uno donde todo se hace con más alegría, más nervios y, sobre todo, con más verdad.
    Ella ha estado en todas las fases del proceso creativo: desde los nombres de los personajes hasta el gran misterio que se esconde bajo el gimnasio. Desde los giros de guion hasta las escenas que me han dejado sin palabras (literalmente, porque las ha escrito ella).

    Sí, ha escrito capítulos enteros. Y no para “hacerla partícipe”, sino porque lo que escribía era bueno. Realmente bueno.

    Tiene un estilo directo, rápido, con ritmo frenético y frescura natural, como si las ideas le salieran sin freno pero con sentido. Donde yo meto pausa, ella pisa el acelerador. Donde yo reflexiono, ella dispara. Y eso le ha dado a la novela algo único: vida.

    Lo raro: cuando el adulto quiere frenar y la niña solo quiere avanzar

    Sí, también hay momentos raros.
    Como cuando yo quería parar a pensar en la estructura, en la lógica, en los actos… y ella decía:
    —Papá, da igual. Ya sé cómo sigue.

    Y seguía.
    Y lo hacía bien.

    O cuando a mí me preocupaba no repetir palabras y ella decía:
    —No pasa nada. Es mi estilo.

    Y tenía razón. Porque tenía un estilo.

    Lo raro fue aceptar que no venía a aprender de mí, sino a enseñarme cosas que yo había olvidado.
    Cómo escribir desde la emoción, sin filtros.
    Cómo crear sin miedo al ridículo.
    Cómo seguir la historia aunque no esté todo atado.

    Y, sobre todo, esto:
    que nuestras rarezas no son defectos, sino superpoderes.
    Escribir esta novela juntos me ha permitido conocerla mejor.
    Creo que también le ha servido a ella para conocerse a sí misma, para empoderarse, y para entender que ser distinto no es un problema: es lo que te hace único.

     

    Lo inolvidable: cuando lo importante no es la novela

    Lo inolvidable de esta historia no está en los diálogos afilados, ni en las escenas oscuras, ni en los cliffhangers que te dejan temblando.
    Lo inolvidable está en los días que pasamos juntos escribiendo.
    En las conversaciones sobre miedo, sobre muerte, sobre justicia, sobre lo que da rabia y lo que duele en el colegio.
    En la forma en que me dijo, sin decirlo:
    —Gracias por escucharme. Gracias por creer en mí.

    Porque eso es lo que pasa cuando un padre escribe con su hija: descubre que la novela es solo una excusa para conocerse mejor.

     

    Una Poética con móvil, con rabia y con voz propia

    La joven Poética es muchas cosas.
    Es una novela juvenil con misterio, crítica social y humor negro.
    Es un homenaje a El joven Poe, con una protagonista femenina, gótica, maniática, sensible y demasiado inteligente para encajar.
    Es una historia con murciélagos de papel, cuerpos ocultos, desapariciones sin resolver y susurros paranormales.

    Pero también es un acto de amor.
    Una especie de diario compartido entre dos generaciones que se atreven a mirar hacia dentro y contarlo como les sale.

     

    ¿Y ahora qué?

    Ahora escribimos un cuaderno de relatos de terror juntos.
    Y después, ojalá venga otra cosa.
    Porque la niña que me enseñó a escribir sin miedo espero que no pare.
    Aunque a veces le da fuerte por algo y luego por otra cosa distinta.
    Y eso está bien.
    Probar, cambiar, explorar.
    Solo así se encuentra lo que uno ama de verdad.

    03julio 2025
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    No necesitas redes

    Necesitas que vuelvan.

    ¿Sabes qué pasa con Instagram o TikTok?
    Que todo el mundo está ahí... menos tus clientes cuando te necesitan.

    Las redes sociales están bien para posturear, entretener y, con suerte, hacer que te vean una vez.
    Pero si te dedicas a vender algo en el mundo real —una consulta, una clínica, una tienda, un servicio local— lo que tú necesitas es otra cosa:

    💥 Necesitas que vuelvan.
    Que no se olviden de ti. Que piensen en ti antes de abrir Google.
    Que no tengas que pagar a Meta cada vez que quieras un cliente.

    Y para eso hay una estrategia más poderosa que mil likes:
    Tener su correo.
    Y hablarles como si fueran personas.
    Con palabras que conecten. Con historias. Con alma.
    No spam, no promociones baratas.
    Conversaciones que hacen que te recuerden.
    Y lo más importante:
    Que les den ganas de volver.

    No necesitas redes.
    Necesitas relación.
    Y para eso, necesitas algo que pocos negocios hacen bien:
    📬 Una buena newsletter.
    No una chapa. No una promo.
    Un correo que abra la puerta cada semana y diga:
    “Aquí estoy. Me acuerdo de ti. Esto es para ti.”

    ¿Tienes un negocio local?
    ¿Una consulta, un centro, una tienda, una marca que quiere fidelizar?

    👉 Escríbeme.
    O mejor, apúntate a mi propia newsletter y comprueba lo que puede hacer por ti.

    Porque los clientes que vuelven, no caen del cielo.
    Pero si haces las cosas bien, sí vuelven.

     

     

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